domingo, 16 de octubre de 2011

Inmediatez

Cogí una cuartilla, mi estilográfica y me senté a escribir las que serían mis últimas palabras hacia ti. Busqué un sobre, pegué un sello, salí a la calle, lo metí en el buzón y me dispuse a esperar que llegara tu respuesta en unos días.

En cuando llegué a casa tenía un mail por abrir. Era tuyo y decías que me dejabas.