martes, 17 de enero de 2012

Desde el banco

Se metía las manos en los bolsillos del abrigo, sacaba los puños llenos de comida y la soltaba en su rincón preferido del parque. Hasta el día en que las palomas dejaron de revolotear por el suelo y lo hicieron por encima de su cabeza.

2 comentarios:

  1. Supongo que sintió miedo. Me gustan tus micros, éste en particular me parece inquietante, por lo que callas más que por lo que explicas.
    Soy Metamorfosis del foro Buho. Un placer leerte
    Mi nombre es Angela.

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  2. Si es que la buena voluntad se confunde a veces; aún así, aunque vuelen, debemos seguir dando aquello que nos sobra, no?...aunque vuelen (mientras no nos piquen...)
    Salud,amiga.

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